A estas alturas, ponerme a escribir de la crisis...., uff, qué pereza..., pero es sano mantener la indignación.
Decía Simone de Beaviour: "Protestar en nombre de la moral contra "errores" o "abusos" es un error que sugiere complicidad activa. No hay abusos o excesos aquí, simplemente un sistema que lo abarca todo". Y es precisamente bajo esa perspectiva, la de juzgar "moralmente" ciertos "excesos", desde la que han tratado de colarnos la explicación del origen de la crisis (y de ahí la indignación que se reactiva de vez en cuando). Son numerosos los ejemplos: en la reciente entrevista en El País Sarkozy habla de la necesidad de moralizar el capitalismo, y hace unos días un grupo de "intelectuales" de derechas en España firmó uno de los manifiestos más patéticos que recuerdo haber leído, señalando que el origen de la crisis se encuentra en los valores .... que ha transmitido el Estado de Bienestar!!!
La clave, en todo caso, está en la frase de Beaviour, ya que situarnos en el ámbito del "exceso" nos lleva a dar por potencialmente bueno un sistema que estructuralmente nos orienta hacia lo ocurrido, al margen de diferenciar entre capitalismo de producción o especulativo. En el capitalismo, el objetivo es siempre la obtención de un mayor beneficio, mientras que la producción ha sido tan solo un medio, del que puede prescindirse. En el estadio "clásico" del capitalismo el esquema esencial reside en que para producir se necesitan "40" (trabajo, materias,..) y al vender obtienes 40+n. Ese "n", la plusvalía, se obtiene de la conversión del trabajo comprado en fuerza de trabajo empleada (creatividad, innovación, recombinación de materias, puro desempeño físico,..). Mientras nos manteníamos en el ámbito del capitalismo productivo, la obtención de "n" exigía una vinculación a procesos productivos donde el factor trabajo, es decir, personas, clases, ..., podría llegar a exigir su participación sobre el "n". Pero ya en aquel momento, el objetivo del sistema no ha sido la producción y mucho menos el progreso o el crecimiento (si el decrecimiento generase plusvalía, los apóstoles del capitalismo nos lo venderían), sino el beneficio.
Si bien es cierto que la deslocalización, la privatización, la pérdida de capacidad combativa de los sindicatos,..., han facilitado la obtención de mayores "n" ya en los entornos productivos, siempre existe el ansía de un mejor negocio, de una mayor plusvalía. Ocurre que el capitalismo es, como ya todos sabemos, un caballo desbocado, un drogadicto en busca de dosis cada vez más altas, un ciclista que se cae si deja de pedalear, y ha encontrado fuera de la producción, en los mercados financieros (por definición especulativos), un nuevo proveedor de márgenes que se esperaba siempre mayores, siempre en función de expectativas cada vez menos inmediatas y de productos financieros (capilares a mercados basados también en expectativas, como las materias primas) cada vez más complejos.
Sin embargo, estructuralmente, siguen siendo lo mismo: maximizar el beneficio es inherente al sistema, sea en la producción, sea en los mercados financieros. Así, no tiene sentido evaluar o juzgar desde la moralidad ciertos comportamientos: si quisiéramos hablar de moralidad deberíamos hablar de la moralidad del sistema, no de actos concretos. Y desde esa perspectiva, no se trataría por tanto de moralizar lo que lleva dentro de sí el germen de la inmoralidad: y menos aún se trata de entrar en el debate de hasta dónde, en qué medida,..., ya que cualquier posible ajuste que pudiera hacerse en un contexto de crisis volvería a ser superado en tiempos de bonanza.
Por cierto, la trampa de los valores tiene más derivadas: una segunda es la trampa de los "cabezas de turco", de esos responsables individuales a los que culpar. No es un problema de particulares que se equivocaron, y a los que por tanto basta con identificar y apartar de sus responsabilidades. No ha sido un único broker, un único directivo,..., ha sido una dinámica generalizada donde muchos hicieron lo mismo con el mismo fin. Que no nos alimenten con la carroña de ejecutivos despiadados cuyos restos se arrojan a la opinión pública (aunque no me disgustaría verlos suicidándose en masa), mientras los "moralistas" se escandalizan ahora de sus sueldos y sus gastos mientras hablan de "corregir excesos" para seguir igual.

Comentarios