Hoy, varios días antes de que se celebre, y pese a los mensajes en contra de los medios, puede decirse que la Huelga General ha triunfado. Como todo en la vida, el éxito o el fracaso de una iniciativa depende de los objetivos que se planteen. Desde mi perspectiva, un seguimiento unánime, masivo, la posibilidad de asaltar el Palacio de Invierno, no ha sido nunca el objetivo de la HG del 29-S. Una mejora razonable del enfermo encamado es poder levantarse y dar unos pasos: hacer la maratón es un suicidio: y el movimiento obrero (o la sociedad en general) se encuentra muy, muy malito.
Los objetivos realistas de la HG me parecen mucho más limitados y, desde allí, creo que ya puede decirse que ha sido un éxito: se trataba de hacer ver que el conflicto social (en este caso, la lucha de clases) existe, que las medidas que dañan a una parte central de la sociedad pueden ser rechazadas de forma explícita, que el modelo de sociedad en el que estamos profundizando puede ser cuestionado, que la clase obrera tiene y utiliza sus propias herramientas de presión, que además de la resignación existen otras opciones... Ya ha conseguido hacernos reflexionar a todos y cada uno de nosotros sobre nuestra posición sobre el tema y actuar en consecuencia (sea cual sea la decisión), y también ha convertido la cuestión social en tema de conversación (en los bares, en el metro, en las redes sociales, ..., aunque lógicamente no siempre en los términos que hubiéramos deseado). Nos ha obligado a posicionarnos, a tomar conciencia, a elegir.
Ha hecho ver que el conflicto es, para los neoliberales y para los gestores del malestar, como el dinosaurio de Monterroso: cuando despiertan, aún sigue ahí. Y la HG les ha hecho despertar.
Lo que debemos ir haciendo es pensar en cómo gestionar este primer éxito para avanzar hacia éxitos más ambiciosos. En primer lugar, es deseable (doy por hecho que será así), es imprescindible, que sirva para que las cúpulas sindicales se den cuenta de lo justificado que es su descrédito. No se trata de la malignidad de la derecha, lo vendidos que se encuentran los medios o la falta de conciencia de los nuevos asalariados. Es que la dinámica de los últimos 30 años hace que luchar al lado de las cúpulas sindicales dé mucha pereza, y con motivo.
En segundo lugar, debemos narrarnos nuestra propia victoria. Por ejemplo, cuando se venció (y así fue) en la HG contra el gobierno Aznar, en lo que fue un triunfo casi inesperado, los sindicatos no trataron de hacer de aquella experiencia de victoria un recuerdo memorable, al que recurrir para abandonar la sensación de indefensión. Hemos de mostrar y hacer ver nuestras grandes y pequeñas victorias, para agarrarnos a ellas para llegar más alto.
Y por último, asumir que, necesariamente, nos vamos a encontrar ante un ciclo largo de luchas, en el que retiradas, concesiones, apaños, acuerdos desmovilizadores, ejemplos impresentables en el día a día sindical, traiciones y demás,..., vaciarán de significado el relativo éxito que significa haber conseguido que el conflicto social sea "objeto conversacional" (lo siento, tenía que meter un palabro webdospuntocerista).
