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julio 30, 2006

Comentarios

Carlos

El caso de la invisibilidad del handling, pues es verdad, nunca lo había rumiado así... tus maletas aparecen milagrosamente en el destino, se transportan solas.
Sobre las asambleas, das en el clavo: los sindicatos, cada vez más, se jerarquizan e imponen representatividad en nodos cada vez más amplios (provincialidad, regionalidad: huyen del foro local como de la peste). En parte es ideológico: tienden a concebir que el individuo sólo piensa en sí mismo, mientras que un cargo electo piensa en sus representados. Falso, por supuesto, pues cuanto mayor es el ámbito, mayor la pérdida de foco.

lipe

Tu crees que es ideológico? No sé, me cuadra más pensar que, si se lo echas en cara a un sindicalista vertical, te argumentará que es una consecuencia indeseada debida a lo difícil que es gestionar una estructura grande y cosas similares.

Nunca he leído a nadie justificarlo en esos términos, "mejor el representante que el representado ya que éste pretende sus propios intereses". Claro que pretende sus propios intereses, eso seguro, la ventaja es que esos intereses afortunadamente son bastante similares, lo que permite que tenga sentido la acción colectiva.

Rafa

"Amaos los unos a los otros" dijo Jesús. Sin amor, nada se arregla.

qed

Ya anticipó don Lipe, antes del tostado veraniego, que su blog viviría grandes cambios, pero aún así ha logrado sorprenderme con esta revisión intelectual de don Karl (Marx) según la más pura ortodoxia de Mundo Obrero. Pues sí, es acertada su valoración del hecho asambleario. Es un entorno donde la libertad personal se impone al “deber ser” y donde, por tanto, se manifiesta lo más genuinamente individual sin filtros ni maquillajes. Pero la parte positiva -la expresión espontánea y sin autocensura- no puede ocultar el riesgo de falta de coincidencia entre el interés personal, que es lo que se defiende a ultranza, y los intereses del colectivo.

Un buen laboratorio para investigar todo tipo de patologías asamblearias es la reunión de la comunidad de vecinos. Sea cual sea el argumento que justifique un beneficio colectivo, siempre habrá un individuo que, ejerciendo su minuto de gloria o de mala leche, bloqueará sin escrúpulos el acuerdo.

La ventaja de la asamblea de trabajadores es que es la mayoría, y no el veto de un capullo, quien controla los acuerdos. Y esto es lo que las salva.

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